Ser docente es un arte, una ciencia y una diversión. cuando le encontramos sabor y color; cuando llegamos a conocer el objetivo de la labor y que somos capaces de hacer todo por enseñar, los modelos educativos, la didáctica, estrategias y teorías las vamos adoptando durante el tiempo en que desarrollamos nuestra labor, con el ensayo y el error, autoevaluamos la trayectoria.
Aprendemos a enseñar, enseñando y tratando de mejorar cada día, cuando somos jóvenes aprendemos de los adultos y tomamos ejemplo del que nos trata mejor, del que aprendemos algo y del que nos hace reflexionar, pensar y actuar. Aprendemos también de los malos maestros y no seguirlos.
La docencia en una transformación individual en cada periodo educativo, conocemos jóvenes con nuevas espectativas, conocemos tecnología actualizada, estamos en contacto con gente nueva y muchas veces nos vemos reflejados en ellos, tratamos de ayudarlos y predecir sus pensamientos y acciones.
Ser docente implica más que ser un segundo padre o madre, implica darle al alumno lo necesario para que se defienda ante un mundo desgarrador, corrupto y en donde domina la ley de la selva.
No buscamos ser superhéroes, pero sí ser personas que al ser recordados puedan decir: era un buen maestro y aprendía algo de él o ella.
